Telepatía entre dos

El mentalismo moderno, al igual que el ilusionismo, nació de la mano de Jean-Eugène Robert-Houdin. Él fue, por ejemplo, quién popularizó uno de los efectos más importantes del mentalismo. Él lo llamó: “La Seconde Vue” (“La Segunda Visión”). Aunque en la literatura se suele encontrar como “Telepatía Entre Dos” (o “Two Person Telepathy”, en inglés).

Foto de Kirill Balobanov en Unsplash

Junto al número de Preguntas y Respuestas, el efecto de Telepatía Entre Dos fue la base fundamental de la mayoría de los espectáculos de mentalismo a partir del s. XIX.

¿Pero qué es exactamente la Telepatía Entre Dos? Veamos en qué consistía el número de Robert-Houdin, que estrenó el 12 de febrero de 1846:

Émile, hijo de Robert-Houdin, permanecía vendado y sentado en una silla en el escenario. Mientras Robert-Houdin caminaba por el auditorio, recogiendo objetos aleatorios de los espectadores, su hijo era capaz de adivinar, sin poder ver nada, qué objetos eran. Incluso podía describir en detalle su material, color,... De ahí el nombre de “La Segunda Visión”: Émile era capaz de ”ver” incluso estando vendado, o de espaldas al público. Poco después evolucionó la premisa, pasando a ser un efecto de telepatía: el asistente podía adivinar los objetos porque leía la mente de su compañero, o la del propio público.

Como dijimos al principio, Robert-Houdin lo popularizó, pero ese mismo efecto llevaba ya algún tiempo presentándose. Él lo aprendió directamente del posible inventor: Chevalier Pinetti. Y él se inspiraría a su vez en la teoría del magnetismo animal de Franz Anton Mesmer. De una forma muy primitiva, los animales capaces de hacer operaciones matemáticas y sencillas adivinaciones, hacían algo muy parecido al efecto que estamos estudiando.

Tras el éxito de Robert-Houdin aparecieron muchos imitadores (hay cosas que nunca han cambiado...). Por ejemplo, William Henry Palmer, adoptando el nombre de Robert Heller, triunfó en EE.UU. copiando su espectáculo “Soirées fantastiques” completo, incluso imitando el acento francés. En la tercera parte de su show presentaba su “Visión Súper-Natural”, con su asistente, una mujer con “poderes de clarividencia”, que era llevada a trance usando la hipnosis.

Lo más habitual era que los artistas presentasen este efecto junto a algún familiar (o supuesto familiar), con el que se suponía que tenían una conexión especial: hijo, cónyuge, hermano o hermana, etc.

Personalmente me encantan este tipo de números con los que, sin ningún tipo de accesorios, puedes viajar por el mundo fascinando a enormes auditorios. En “Confidencias de un Prestidigitador”, Robert-Houdin deja entrever que el método consiste en el desarrollo de una extraordinaria memoria tanto de él como de su hijo, además de la existencia de una correspondencia secreta entre ambos.

Lamentablemente, por la gran proliferación de artistas imitando pobremente este tipo de rutinas, el secreto de la rutina se hizo conocido por el público. Esto llevó a que los artistas tuviesen que crear métodos nuevos para acabar con las suspicacias de los espectadores. Así, por ejemplo, en la nueva rutina de Robert-Houdin, él permanecía en completo silencio, y únicamente tocaba una campanilla para que su hijo Émile procediese a la adivinación del objeto. Y muchos otros ilusionistas crearon sus propias versiones “en silencio” de este número. Algunos usaban códigos mucho más sofisticados, y otros tecnologías novedosas para la época.

Así han llegado hasta nuestros días cientos de autores que han explorado esta materia desde distintos ángulos, como los propios Corinda y Annemann.

Entre el público general han triunfado multitud de artistas realizando este tipo de efectos:

  • Julius y Agnes Zancig (The Zancig): convencieron incluso a científicos de que realmente poseían poderes psíquicos. Incluso llegaron a engañar al mismísimo Arthur Conan Doyle (aunque no parecía muy difícil de engañar, todo sea dicho).
  • Sydney Piddington y Lesley Piddington (The Piddingtons): se hicieron muy populares gracias a sus intervenciones semanales en la BBC. Pero sobre todo por algunas grandes hazañas. Como la comunicación telepática que realizaron estando Sydney en los estudios centrales de la BBC, y Lesley en una campana de buceo sumergida en una piscina, a 35 Km de Londres. A día de hoy se desconoce cómo realizaron ninguna de sus proezas.
  • Glenn Falkenstein y Frances Willard: actuaron internacionalmente en TV, radio y teatros. Sus métodos fueron publicados por ellos mismos tanto en libro como en DVD.

Otra de las hazañas de The Piddingtons:

En la actualidad son muy pocos los artistas que realizan este tipo de actos. Seguramente por el trabajo y los esfuerzos que hacen falta, y no sólo para su construcción del número. Sobre todo por los continuos ensayos necesarios para llegar al nivel de compenetración indispensable para poder presentar este efecto en público.

Otra de las dificultades hoy día sigue siendo también el conocimiento del público de algunos métodos. No sólo muchos sospechan de la existencia de compinches o complejas tecnologías, sino que algunos intuyen el uso de códigos secretos, aunque no puedan identificarlos. De hecho, muchos magos presentan rutinas cómicas que juegan con este concepto, como hacía mi compañero Juan Garrido en nuestro espectáculo “Magia a Dos Velas”.

Siempre me ha interesado esta rama del mentalismo. No sólo por su importancia histórica, sino también por su pureza y complejidad. Pero sobre todo por su impacto sobre el público. Sólo dos personas. Sin aparatos de ningún tipo, ni argumentos enrevesados. A uno de ellos le presentan un elemento, y el otro es capaz de describirlo con todo detalle. Nada más simple, pero nada tan difícil.

Desde hace muchos años he intentado idear nuevas técnicas y métodos para replicar este efecto, procurando el máximo impacto con la mayor sencillez posible. Mi técnica V-Code es el resultado de esta investigación. Los códigos usados por los mentalistas suelen basarse en docenas de palabras o expresiones distintas, pero V-Code usa una única palabra clave. Aunque incluyo también una variante con la que poder realizar el efecto en completo silencio, ideal para final de rutina.

Es un honor para mí poder aportar mi granito de arena a esta larga tradición, que empezara de la mano de artistas como Pinetti y Robert-Houdin, y llegó a fascinar a públicos de todo el mundo, en teatros o a través de la radio y la TV.

¿Y tú? ¿Hace algún espectáculo o rutina de mentalismo junto a algún compañero? ¡Cuéntamelo en los comentarios!



4 comentarios

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